Lección 167

Cada momento en el que nos encontramos con el miedo y estamos expuestos al dolor, sencillamente estamos viendo muerte. Con Dios no hay más que vida y ella es solo una tal cual como es Dios.

Que fácil suena decir que hemos de elegir esa vida en la que sólo hay amor, eternidad, gozo y paz. Más la cotidianidad en su dualidad solo nos muestra vestigios de ese maravilloso estado pues nuestros ojos pueden continuar viendo con mayor facilidad la fragilidad.

Y entonces qué se supone que estamos haciendo en este entrenamiento si aún le damos valor a el mundo del caos como real? Aquí está el punto, en la capacidad de distinguir que todo aquello no hace parte de la realidad en que aunque nuestros ojos vean, dolor, escasez, enfermedad, injusticia, violencia; tengamos la capacidad de comprender que este es un sueño porque hay una solo vida, la que Dios ha planeado para nosotros y que nuestros ojos se están abriendo para aceptarla en su totalidad.

Práctica:

Hoy busca en el silencio a Dios y allí recuerda “Sólo hay una vida y ésa es la vida que comparto con Dios.” Experimenta ese compartir y observa como el mundo que hasta ahora habías visto como real, desvanece su significado y ahora le comienzas a ver como lo que es, una ilusión.