Dios es el amo y señor, El no nos entrega nunca parcialmente, El siempre lo da todo. Le hemos creído a la enfermedad y al hacerlo la clasificamos como verdad, pero ella es una ilusión como lo son todas las formas en las que nos identificamos desde la carencia y la limitación, el cuerpo, el tiempo y el espacio.
Cuando entrenamos nuestra mente el Espíritu Santo nos lleva hacia el despertar y allí sanamos, si hemos decido encontrarnos con El, solo tendremos esto, sanación , por lo tanto dejaremos de buscar el la cura a la enfermedad porque ya tenemos claro que solo es una ilusión.
Caemos en el juego de lo momentáneo y pedimos un milagro para ser sanos, en medio de la culpa y el dolor y es allí donde la enfermedad ha forjado su falsa morada, pues la enfermedad tanto la culpa son ilusiones; así es entonces como la una complace imitando en su capricho de querer aparentar ser verdad, más la verdad solo es una, y al entenderla lo demás desaparece. Recordamos que Dios mora en nosotros y que está es la única verdad, que allí en Él está la realidad y cualquier cosa distinta a esta sencillamente no existe.
Despertar es mirar con Dios, verle hacer parte de nosotros, amar sin condiciones, recordar que los errores no existen y con ello comenzar a proyectar desde el amor, viendo como cada persona hace parte de el perdón colectivo a través de la expiación que en sí no cura, sino que recuerda que siempre hemos estado con Dios y al hacerlo todo aquello que juzgamos desaparece pues comenzamos a vibrar desde luz.
Así que hoy recuerda, declárate sano por que no hay nada que curar pues todo ha sido parte del sueño y salir de esta manifestación, es indiscutiblemente ver la verdad.
Práctica:
Durante cinco minutos en la mañana y cinco en la noche, inicia
repitiendo este pensamiento:
“La salvación es lo único que cura.
Háblanos, Padre, para que nos podamos curar.”
Lugo permanece en absoluto silencio tranquilizando tu mente, tu boca y actitud y disponte a escuchar al Padre, internándote en su Paz, allí escucharás su voz, saca cualquier cosa que ronde tu cabeza, recordando que si no es la voz De Dios, solo hace parte de la ilusión y ya tu mente no podrá ser engañada.
Durante el día repite la idea constantemente y cada hora detente para escuchar la voz de Dios por un momento.
