Este ejercicio me recuerda una de mis primeras experiencias con la sanación física, que aunque es una de las lecciones con mayor trascendencia compartida por Jesús, se ha vuelto algo extraordinario y a su vez exclusivo para unas determinadas personas. Y el recordar la manera tan secilla y espontánea como Él nos revela que esta se produce, nos regresa a la simplicidad y así fue cuando pude entender que la sanación no era cosa del otro mundo, pude ver el milagro en otros y en mi misma.
Llevaba dos semanas con lo que médicamente llaman espolón de talón, lo que me impedía apoyar mi pie por ende caminar; desde mi razón y con “algo de Fe” aplicaba las técnicas que había aprendido en la escuela para la sanación pero nada funcionaba, tenía claro que no había encontrado el origen emocional, pero por más que me cuestionaba, permanecía escondido. En medio de la incertidumbre, una noche me senté en el sofá donde se sentaban las persona que atendía en mis sesiones de coaching, sin darme cuenta mi inconsciente busco el rol de “paciente” y allí invoqué la presencia del Espíritu Santo para que me revelase la situación que había provocado esta enfermedad, pero nada pasó, hasta que Él puso en mi mente la intención de decir, “me sano porque soy sana y porque a través de mi sanación le recuerdo a los otros que pueden hacerlo al salir del engaño de la enfermedad” y allí evoque un profundo sentimiento de amor por la humanidad, visualizando que otros se sanaban. Inmediatamente mi pie dejo de doler y comprendí que buscar la sanación desde la separación era un acto egoísta que enfermaba más, pero que al regresar a la unidad a través de la verdad “soy sano, eres sano, somos sanos” se producía el cambio de orden mental que había forjado mi mente separándome de otros con la etiqueta de “enferma”.
Práctica:
Hoy durante diez minutos en la
Mañana así como en la noche, busca la calma y menciona en tu mente:
“Cuando me curo no soy el único que se cura.
Y quiero compartir, mi curación con el mundo, a fin de que la enfermedad pueda ser erradicada de la mente del único Hijo de Dios, Quien es mi único Ser.”
Y durante el transcurso del día cada hora en lo posible di:
Cuando me curo no soy el único que se cura.
Y quiero bendecir a mis hermanos, pues me curaré junto con ellos, tal como ellos se curarán junto conmigo.
