Lección 135

Nos habíamos habituado a concebirnos como un cuerpo, eso lo hemos aprendido en medio de nuestro olvido.

Somos como el mar, solo que hemos entrado en diferentes tipos de empaques, algunos unas botellas más fuertes que que otras y de diferentes colores y tamaños, pero todos finalmente saldremos de esos empaques y regresaremos a nuestro origen uniéndonos con el inmenso mar.

Más en la ilusión hemos temido por la preservación de los empaques, pues son tan frágiles que tememos no lograr conservar algo que sencillamente un día desaparecerá pero que ilógicamente defendemos a toda costa.

Ese empaque es un instrumento para encontrarnos con nuestra esencia, y puede estar en buenas condiciones mientras no le exijamos más de lo que puede dar, pues es alterado con todas las emociones que proceden del miedo y por eso termina averiándose. Le hemos impuesto cada función y ellas se alinean dando respuesta a la manera en la que vivimos nuestras relaciones y a nuestra forma de percibirlas. Sacudimos el empaque a mil revoluciones, lo hundimos, lo exponemos a extremas temperaturas con nuestro temperamento y esperamos a que una pastilla lo repare.

Si dejáramos de defenderlo, si tan sólo recordáramos su contenido, viajaría por este inmenso mar sin angustiarse por el rumbo, ni el destino, ni por cómo lo observan los otros empaques, ni quien navega mejor, ni a mayor velocidad, porque sabríamos con claridad que un día saldremos de ese empaque y que todos por completo seremos el mar.

Te das cuenta no requerimos defensa si sabemos que no somos un cuerpo.

Práctica:

Dos veces durante el día, por quince minutos, entra en este pensamiento:

“Si me defiendo he sido atacado.
Mas en mi indefensión seré fuerte.
Y descubriré lo que mis defensas ocultan.”

Y mantente allí, sin la necesidad de pedir, ni hacer planes, dispuesto a encontrar la fortaleza que te revela que con Dios ya lo tienes todo y ese todo va más allá de lo que el mundo concibe.

Si tienes la ilusión de tener el control que te aleja de la paz, entra al aprendizaje santo a sabiendo que tú y el resto de las mentes comenzará a despertar mientras dices:

“Ésta es mi Pascua Florida.
Y quiero conservarla santa.
No me defenderé, pues el Hijo de Dios no necesita defen­sas contra la verdad de su realidad.”
Pues sabes que recordar quien eres es volver a vivir, así que no hay nadie que pueda separarte de la dicha que te da lo inalterable.