La palabra De Dios, es pura, sin ningún tipo de intervención, deseo, o juicio humano. Hoy nos disponemos a oírla, a separarnos de cualquier idea que concibamos como su voz, aquietándonos es como le oímos, calma, silencio para entrar en su morada.
Más cerca de lo que vemos las partes de nuestro cuerpo, está Dios de nosotros, está en nuestro pensamiento, allí no hay coordenadas pues no se localiza en ningún lado, sencillamente es.
Dejaremos ir cualquier pretensión, iremos con total desprendimiento a oír al Padre, como el hijo que reconoce su autoridad y dispone todo en obediencia, no desde la subyugación, sino desde la sumisión que desprende del amor, soltándolo todo desde la plena entrega, con seguridad le oiremos pues el quiere que le escuchemos porque en nosotros está la salvación, que nos encontremos con Él es lo único que necesitamos para que sane el
Mundo y ser Uno con él.
Práctica:
Tres veces al día busca un espacio por tres minutos para estar en completo silencio y escuchar su voz. Ve con la certeza de que la oirás y libre de cualquier cosa que quieras escuchar, sólo has silencio y oye.
En el transcurso del día cada hora recuerda tu propósito, “recibir en la quietud la palabra De Dios”.
