Al encender La Luz en nuestra mente apreciamos lo que realmente tiene valor y entendemos que solo esto es lo que andábamos buscando al rededor de cosas, relaciones, emociones vanas o profundas.
Si tuviésemos paz, seguridad, confianza, certeza, protección, que habríamos de necesitar? No es verdad que después de esto, nada podría reemplazar todo lo que aquello nos brinda? Pues bien, aquí hoy encontramos el Todo, ese mismo que habíamos reemplazado por la nada, ya que todo lo contrario a su equivalente automáticamente desaparece al reconocer la subvaloración que le habíamos dado a cambio de insignificantes ideas sostenidas por el miedo ante la falta de perdón.
Perdonar, es borrar la idea de creer que no somos y el haber creído que teníamos que llegar hacerlo, es ir al origen en donde fecundamos este pensamiento sobre el que reproducimos la manera de vernos y ver a los demás, en donde nos planteamos la exigencia, la honestidad, y hasta la espiritualidad y la bondad; todos atributos distractores que parecían llevarnos al bien pero que nos separan del Ser, perdonar es saber que Ya somos aquí y ahora, los hijos De Dios, que el vive y vivirá para siempre en nosotros y a través de nosotros, prevaleciendo a el mundo de las apariencias en el que construimos un modo correcto o incorrecto y sobre el cual Germinaron las reglas que maltratan nuestra esencia en nombre de la verdad y la justicia.
Perdonar es recibir los regalos que Dios nos da como sus hijos, es reencontrarnos con Cristo y el plan que Dios creo para que regresásemos a casa, es encender La Paz real, La Luz, la armonía, la abundancia desde su origen; apartándose de la superficialidad, es saber que ya todo está cubierto y poder dormir y despertar en La Paz que no está en una idea sino que sencillamente es cuando dejamos de identificarnos con la ilusión de habernos visto unidos a las fabricaciones de este mundo aparente.
Práctica:
Hoy dedicarás quince minutos en la mañana, quince minutos en la noche. Inicia evocando un sentimiento de alegría, luego cierra los ojos y sumérgete en el encuentro con La Paz, únete a la disposición del perdón reconociendo que El mundo que habías dado por real, no lo es, y entrégate para que te sea enseñado el que si lo es, permítete maravillarte ante la verdad que te da La Paz y consérvala cuando abras tus ojos, pues sabes que el velo ha sido corrido de ellos y a partir de ahora ya no verás igual.
Durante el resto del día cada quince minutos, recuerda:
“El perdón me ofrece todo lo que quiero.
Hoy he aceptado que esto es verdad. Hoy he recibido los regalos de Dios.
Y piensa en esos regalos durante un minuto.
