Creímos en la idea de lo imperdonable, pensamos que hay asuntos irreparables y al aceptarlo hemos decidido abrirle la puerta a la condena.
Que supone una condena? Un castigo, la restricción, separación y aislamiento de nuestro entorno natural. Tal cual hemos hecho con nosotros y con quienes nos rodean al darle credibilidad al ataque.
En la ilusión el hijo De Dios no existe pues se siente lejos de él, más en la verdad el hijo De Dios goza de su naturaleza y por consiguiente entiende y recibe su herencia. Hoy hemos llegado hasta acá y en este camino podemos decir que entendemos perfectamente lo que este entrenamiento nos ha enseñado. Perdonar es el efecto del amor, y el perdón no puede ver más que Santidad.
Tú que has transitado esta vía de transformación del pensamiento, podrás insistir en condenar y condenarte cuando ya comprendes, no según el intelecto, sino de acuerdo a la experiencia? Verdad que sería absurdo compartir los pensamientos del mundo que invitan a buscar cómo infringir las leyes del amor a cambio de la leyes del temor? No vale la pena verdad?
Práctica:
Hoy en el transcurso de tu práctica, inicia el día con el pensamiento :
“Sólo mi propia condenación me hace daño. Sólo mi propio perdón me puede liberar.”
Y luego en silencio prolonga en ti la libertad que te da el recordar cuando has elegido el perdón, siéntelo y luego extiéndelo y recoje el fruto de esta decisión que se resume en amor.
Durante el día recuerda lo más constantemente posible:
“Sólo mi propia condenación me hace daño. Sólo mi propio perdón me puede liberar.”
Y si has creado alguna ilusión que te invite a ver razones para condenar, de nuevo trae a tu mente la lección de hoy:
“Sólo mi propia condenación me hace daño. Sólo mi propio perdón me puede liberar.”
