Cuando enfrentamos situaciones confusas en las que creemos ser atacados, lo primero a tener en cuenta es que tal ataque comenzó en la fuente de nuestra mente, allí es donde nos sentimos desprotegidos y temerosos.
Un ataque es todo aquello que nos genere inseguridad y vulnerabilidad y conociendo a ahora su origen pues hemos entendido que ha aparecido por nuestra propia elección, pero este miedo a través del
Credo del ego, nos presenta como
Defensa un ataque más, organizando diálogos irónicos, marcados por un aspecto satírico que pretende lastimar a quien ha manifestado el ataque, creyendo falsamente en aquello que llamó
“Sinceridad” o “franqueza” que
No fue más que el destilo del veneno que yace en la idea de la mente que provocó tal batalla, y desde esta estrategia ignorante, solo se percibe más, miedo, dolor y ataque.
Más tu y yo hoy venimos a recordar, primero que no hay nada de que defendernos, Dios está en nosotros
Y nosotros en Él, su principio es de amor y allí no hay temor. El bien jamás necesitará una defensa y menos usar como
Tal defensa la ofensa, pues si ha de ser así, jamás fue bien.
Salgamos hoy del sueño, el mal es una ilusión y no podemos crear más armas fantasiosas que nos auto destruyen en este espectáculo de proyección.
Podemos vivir un sueño feliz y usarlo
Como instrumento para nuestro despertar. Ves mal, sencillamente sana tu mente que creyó que ese mal fuese posible, una vez lo hagas solo recordarás lo que si es posible y por lo tanto real, el amor.
Práctica:
Entra en un espacio de quietud y en el
crea a través de tu mente, el monumento que has erigido en nombre del miedo, un muro, fuerte robusto, e imponente y solo observa que esa fortaleza está formada por el temor, al hacerlo recuerda:
“Padre, somos como Tú. En nosotros no hay crueldad, puesto que en Ti no la hay. Tu paz es nuestra. Y bendecimos al mundo con lo que hemos recibido exclusivamente de Ti. Elegimos una vez más, y elegimos asimismo por todos nuestros hermanos, sabiendo que son uno con nosotros. Les brindamos Tu salvación tal como la hemos recibido ahora. Y damos gracias por ellos que nos completan. En ellos vemos Tu gloria y en ellos hallamos nuestra paz. Somos santos porque Tu santidad nos ha liberado. Y Te damos gracias por ello. Amén.”
Ahora observa como el muro ha desparecido, pues en realidad nunca estuvo, y hasta ahora lo puedes ver porque estás decidió a ver con la
Ojos Cristo, la mirada que sólo puede encontrarse con el amor.
