Lección 163

La angustia, el dolor, miedo por el cuerpo, la ira, envidia, insatisfacción, ansiedad y depresión, sin algunos de los trajes conque se viste la muerte; pues todos ellos solo son los reflejos de nuestra mente que ha pensado que ella es nuestra salvación.

Has tenido pensamientos como, ¡no puedo soportar esto! ¡me quiero morir!, ¡moriría si esto sucediera!, ¡la muerte es mi único paso seguro!. Todas estas expresiones que al parecer se presentan de una manera suelta y desprevenida, o quizá también dichas con toda la certeza, son las manifestaciones que reflejan el valor de verdad que le hemos concedido a ese último aliento. Con ello incluso compararíamos nuestra creencia en Dios como algo ilusorio y frente a la primicia del fin a la que daríamos un valor supremo que refleje lo que consideramos como la realidad.

Hoy vamos a recordar que hemos creado un dios falso, que nos ofrece una escapatoria al rededor también de un seguridad falsa, pues la muerte no es más que la Encarnación del miedo que se ha olvidado por completo de nuestra relación directa con Dios.

¿Oíste que alguien venció la muerte? ¿Creíste que este evento no fue más que un suceso exclusivo? Hoy Cristo quiere revelarnos que no fue así, pues Él no vino para pedirnos su adoración por haberse escapado de los brazos de la muerte, el sólo está reflejando ante nuestros ojos nuestro recuerdo de eternidad e invulnerabilidad y lo único que hace es servirnos de ejemplo. “Cosas semejantes y mayores harás si crees en mi” No nos quedemos con los milagros que nos exige este mundo de fantasías corporales, vayamos por el milagro que reconduce nuestros pensamientos a la morada De Dios, allí donde solo la eternidad es la única realidad.

Práctica:

Hoy recuérdate a ti y al mundo la verdad a través de esta oración:

“Padre nuestro, bendice hoy nuestros ojos. Somos Tus emisarios, y deseamos contemplar el glorioso reflejo de Tu Amor que refulge en todas las cosas. Vivimos y nos movemos únicamente en Ti. No estamos separados de Tu vida eterna. La muerte no existe, pues la muerte no es Tu Voluntad. Y moramos allí donde Tú nos ubicaste, en la vida que compartimos Contigo y con toda cosa viviente, para ser como Tú y parte de Ti para siempre. Aceptamos Tus Pensamientos como nuestros, y nuestra voluntad es una con la Tuya eternamente. Amén.”

Medita cada palabra que pronuncias y observa como tu mirada se esclarece para ver hacia el más allá.