Nos hemos visto unos a otros cómo cuerpos, así es como nos distinguimos en este plano, ya nuestra mente a esto se ha acostumbrado, a ver con los ojos lo que nuestra mente quiere ver y con nuestros oídos también lo que ella quiere escuchar.
Este curso nos ha hablado a través de la enseñanza de Cristo, cosas que antes no habíamos contemplado y lo hemos recibido de manera amorosa, dulce y hasta poética, más en sí a nuestra mente le parece imposible creer que el origen de todo lo que vemos sea un pensamiento, que Dios está en todos nosotros y solo estamos viviendo el sueño en el que existe la ilusión de que estamos separados y a demás de esto que somos Uno. Todo esto a nuestros pensamientos que se han Sujetado a la idea de una realidad física, le parece increíble; nos lleva incluso a dejarlo sencillamente como una bonita historia. Todo por qué? Por el miedo, porque cada parte de nosotros quiere protegerse y no ha aprendido a vivir apartada del miedo por completo.
Hoy nuestra mirada cambiará y recordaremos que no hay motivos para temer, retornaremos la mirada de Cristo y el nos la concederá y podremos ver en todos el significado de la unidad.
Práctica:
“10. Hoy vamos a practicar de una manera que ya hemos intentado antes. 2Ya estás más preparado, y hoy te acercarás más a la visión de Cristo. 3Si te propones alcanzarla, hoy lo lograrás. 4Y una vez que la hayas alcanzado, no estarás dispuesto a aceptar los testigos que convocan los ojos del cuerpo. 5Lo que verás te traerá con su cántico el recuerdo de melodías ancestrales. 6El Cielo no se ha olvidado de ti. 7¿No te gustaría acordarte de él?.
11. Selecciona a un hermano para que sea el símbolo de los demás y pídele la salvación. 2Visualízalo primero tan claramente como puedas, de la misma manera en que estás acostumbrado a verlo. 3Observa su rostro, sus manos, sus pies, su ropa. 4Obsérvalo sonreír, y ve los gestos que le has visto hacer tan a menudo que ya te resultan familiares. 5Luego piensa en esto: lo que estás viendo ahora te impide ver a aquel que te puede perdonar todos tus pecados, arrancar con sus sagradas manos los clavos que atraviesan las tuyas y quitar de tu ensangrentada frente la corona de espinas que tú mismo te pusiste. 6Pídele lo siguiente para que él pueda liberarte:
7Dame tu bendición, santo Hijo de Dios.
8Quiero contemplarte con los ojos de Cristo, y ver en ti mi perfecta impecabilidad.
12. Y Aquel a Quien has invocado te responderá. 2Pues oirá en ti la Voz que habla por Dios y te responderá con la tuya. 3Contempla ahora a aquel que tan sólo habías visto como carne y hueso, y reconoce que Cristo ha venido a ti. 4La idea de hoy es la manera de escaparte del miedo y de la ira. 5Cerciórate de repetirla inmediatamente en caso de sentir la tentación de atacar a un hermano y de percibir en él el símbolo de tu miedo. 6Y lo verás cambiar súbitamente de enemigo a salvador; de demonio al Cristo.”
