Este cuarto repaso nos ha invitado a declarar con absoluta firmeza el contenido de nuestro pensamientos, que no son otros que los De Dios y al reconocerlo nos abre automáticamente la puerta del perdón, pues en una mente en la que se conoce esta verdad, no puede haber algo diferente a él.
Perdonar nuestros errores, reconocer que todo lo que nos haya producido miedo o dolor, sencillamente fue un error al haber creído que este tipo de pensamientos podrían ser parte de un hijo De Dios.
Juntos podemos terminar con esta idea de la separación y así hayar La Paz, dejando de estimar lo que solo nos ha alejado de nuestra felicidad, y recordando que el perdón no es un favor que concedemos, sino la liberación de las ilusiones de haber creído que Dios no estaba en nosotros.
Práctica para hoy:
“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”
Cinco minutos en la mañana y cinco en la noche céntrate en el silencio mientras recibes el mensaje que Dios te concede.
Luego lee pausadamente cada lección:
(133) No le daré ningún valor a lo que no lo tiene.
(134) Permítaseme poder percibir el perdón tal como es.
Repite Durante el día cada hora:
“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”
Y las dos lecciones para hoy:
(133) No le daré ningún valor a lo que no lo tiene.
(134) Permítaseme poder percibir el perdón tal como es.
Al final del día, recibe el gozo de percibir la gratitud De Dios hacia ti, por estar cumpliendo con su voluntad de amor y perdón
