Una mente que ha de decidido encontrarse con Dios, cada vez recuerda que la felicidad no está en las cosas, ni las circunstancias, ni en los regalos que ofrece el mundo, pues ellos dividen, lastiman e incomodan. La seguridad para el hijo De Dios es parte de su Ser, y no puede depender jamás de la inconstancia con la que se han fabricado las cosas de “valor” según la mente humana.
Nuestros deseos se han forjado según nuestras necesidades temerosas, más con Dios todo lo tenemos y nuestro único deseo ha decaer mantener esta premisa presente. “No necesito nada porque tengo Todo con Dios “. Así agilizaremos nuestro recorrido para encontrarnos con Nuestro Padre, pues ningún apego nos distraerá del encuentro más importante; entonces seremos libres.
Práctica
Tomarás diez minutos para cerrar tus ojos y permanecer en silencio, durante tres oportunidades de tu día. En el silencio soltarás las cadenas con las que alguna vez creíste atarte a este mundo y te unirás a la presencia libre con Dios. Al abrir tus ojos verás como la percepción del mundo ha sido transformada ante tus ojos pues estarás libre del falso valor que habías otorgado al mundo y sus ilusiones, para descubrir que no significan nada pues ya sabes dónde está lo realmente valioso.
Durante el día, irás limpiando tu mente cada vez que observes que le otorgas valor a lo que ves o vives, en ese instante dirás:
“Esto no me tentará a que me demore.
El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee.”
