Al despertar, poco a poco vamos viendo todo lo que se mantenía oculto y al mismo tiempo vamos dejando atrás las memorias de lo que considerábamos real. Ahora comprendemos que existe un significado abismalmente diferente al que le habíamos otorgado a lo que llamábamos felicidad, ahora comprendemos porque en medio de nuestra búsqueda nunca hubo plena satisfacción, y la razón de habernos encontrado en momentos fugaces con lo que denominamos alegría y paz.
Ahora disfrutamos en cada práctica del día, la plena consciencia del momento presente, el instante santo en el que la voz De Dios reemplaza las voces de nuestros miedos y los pensamientos insensatos, ahora disfrutamos de la magna presencia en donde se descubre
La maravilla de la verdadera paz, la dicha, la alegría y felicidad permanente que solo trae la presencia divina que se manifiesta cuando decidimos soltar el apego a nuestra razón ilusoria y nos acercamos a La Luz que brilla permanentemente y para siempre entre nosotros.
Práctica:
Para los repasos de mañana y noche:
(105) Mías son la paz y la dicha de Dios.
Hoy aceptaré la paz y la dicha de Dios en grato intercambio por todos los sustitutos de la felicidad y de la paz que yo mismo inventé.
(106) Déjame aquietarme y escuchar la verdad.
Permite que mi débil voz se acalle, para poder oír así la poderosa Voz de la Verdad Misma asegurarme que yo soy el perfecto Hijo de Dios.
A la hora en punto menciona:
Mías son la paz y la dicha de Dios.
Media hora más tarde di:
Déjame aquietarme y escuchar la verdad.
