La Paz y la dicha son nuestros regalos de parte De Dios, donde dar y recibir genera multiplicación.
Aquí no pagamos ni debemos, salimos del nivel de las exigencias que el mundo impone en el dar, pues dar en esta experiencia de tiempo y espacio llamada vida, incluye el riesgo de perder, y el compromiso de regresar.
Dios solo extiende lo que es y nos enseña hoy esta manera de dar, iniciando por recibir, su dicha y su paz, esa que es ilimitada que siempre da todo sin reservarse nada y que al tomarla la multiplicamos, cuando somos conscientes de sus dádivas además de esto le completamos, porque regresamos a Él, la captación de sus extensiones es el regreso a su presencia y la unidad con Él.
En esta lección recordamos la manera en que los hijos De Dios dan, tal cual como nuestro Padre lo hace, sin buscar subordinar a quien le damos y sin esclavizarnos por quien recibimos, la mente se abre a una oportunidad de entregar en todo lo que hagamos lo único que tiene valor La Paz y la dicha De Dios y esto solo puede ser posible una vez la hayamos aceptado!
Práctica:
Inicia tu día pensando en aquellas personas a las que has decido negarles la dicha y La Paz de acuerdo a tus prejuicios, y a los que sólo has usado para negarte a ti mismo los regalos De Dios, menciona sus nombres a medida que surjan en tu mente y diles:
“Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la paz y la dicha de Dios sean mías.”
Con esta confección has preparado todo para recibir con absoluta aceptación lo tu Padre tiene para ti, entonces puedes decir:
“Mías son la paz y la dicha de Dios”, pues he dado lo que quiero recibir. Ahora cierra tus ojos y siente como Dios te confirma
que esto se hace real en ti, mantente atento durante estos cinco minutos para esta confirmación. Así hazlo durante el comienzo de cada hora de tu día.
Si en algún momento creas la tentación de bloquear a alguien para que reciba tu regalo, inmediatamente di:
“Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la paz y la dicha de Dios sean mías.”
