Lección 102

Nuestro compromiso con la absurda idea del sufrimiento hoy cesa, al reconocer que somos uno con Dios, que colaboramos con su propósito y que aceptamos su voluntad, nuestra única función es erradicar cualquier espejismo que pretenda enfocarnos en el sufrimiento y esto sólo puede hacerse siendo felices.

La felicidad Real nos la da el saber que somos hijos De Dios, tener la certeza de lo que esto significa, concebirnos como espíritus eternos inalterables, comprender que hacemos parte de la eternidad, vibrar desde nuestra plenitud y abundancia, que somos producto del amor y el amor en sí, que Dios vive y vive en nosotros. Allí nuestra felicidad es cierta, no depende de nada circunstancial, de nada vano ni efímero, allí está sustentada por la Verdad y como efecto nos lleva a compartirla y verla en todo y en todos.

Práctica:

Continúa dedicando los primeros cinco minutos de cada hora del día mientras estes despierto, inicia diciendo:

“Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz.
Y acepto ahora la felicidad como mi función.”

Ahora que has aceptado la voluntad De Dios de ser feliz, búscala en tu interior y durante los cinco minutos de tu encuentro siente ese gozo que te da el haber tomado esta decisión y a través de ella renace el amor hacia ti, ese que te otorgo Dios cuando pensó en ti.